Venezuela: los migrantes que deciden volver.


“Los que se van algún día volverán”, cantaba en 2016 el popular grupo de ska venezolano “Desorden Público”.

Según las últimas estimaciones de Naciones Unidas,unos 2,3 millones de venezolanos han abandonado su país en los últimos años a causa de la crisis. Una permanente y vertiginosa escalada de los precios y en la escasez de alimentos y medicinas es lo que empuja a la mayoría.
En palabras de Joel Millman, portavoz de la Organización Internacional de las Migraciones, se trata de “una de las mayores crisis migratorias” de los últimos años.


Su presidente, Nicolás Maduro, afirma que son más los que llegan que los que se van y que estos lo hacen “engañados” por “una campaña permanente de los medios de comunicación“. Maduro anunció recientemente la puesta en marcha del Plan Vuelta a la Patria, con el que, dijo, se facilitará el regreso a quienes opten por retornar. Según los datos oficiales, más de 1.600 personas lo han hecho ya desde países como Brasil, Ecuador o Perú, gracias a la ayuda oficial.


Mayerlin Perdomo, concluyó sus estudios de Comunicación Social, y tomó la misma decisión que muchos otros jóvenes venezolanos recién graduados: buscaría en otro país las oportunidades que en el suyo no encontraba

Quería ver si tenía suerte y podía formar una familia, algo que la gente de mi edad ve imposible en este momento en Venezuela

Cumplidos los 27, ya de vuelta en Caracas, recuerda un viaje que la llevó a Argentina y a Chile y en el que, según cuenta, lo pasó mal. 
En mayo de 2017, animada por su madre y la situación de un país inmerso en una violenta ola de protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, invirtió sus ahorros en un billete de avión a Buenos Aires.

Me vi de repente en un país extraño en pleno invierno, sin ropa ni útiles de aseo“, recuerda.

Pese a todo, pronto consiguió un empleo como vendedora en una tienda de accesorios para mujer.

Como no tenía papeles, me pagaban por debajo del salario mínimo, unos US$200 al mes“, relata.

Al cabo de un mes se fue a Chile.

Una amiga de su madre vive en Rancagua, cerca de Santiago de Chile, y decidió probar suerte allí aprovechando que tenía dónde quedarse.

Fue al instalarme allí, en un entorno más familiar, cuando me di cuenta de que en Argentina había estado viviendo de las cosas viejas y rotas que me regalaban conocidos venezolanos“.

A las pocas semanas encontró trabajo para un chino que estaba montando un negocio.

Era un almacén enorme y buscaban mujeres venezolanas“, recuerda.  
“Supongo que quería venezolanas porque son bonitas, pero nunca lo dijo porque no hablaba nada de español”.

Pronto dejó el trabajo en el almacén, “Encontré trabajo en un restaurante de hamburguesas en el que con las propinas ganaba más. Además tenía contrato y seguro social desde el primer día”. Al tiempo su tarea fue cambiada de mesera a la cocina, donde tenía que hacer limpieza, y terminaba fatigada, por poco dinero. 
Decidió renunciar y encontró por fin algo de lo suyo, en una agencia de publicidad dirigida por una colombiana con la que, ya de regreso a Venezuela, sigue colaborando haciendo lo que mejor sabe: diseñar imágenes para redes sociales.  

Entre lágrimas explica porque decidió volver “Me sentía atrapada en país en el que no me gustaba la comida, no me gustaba el clima, no me gustaba cómo me hablaban… ¡No me gustaba nada!“.

El 30 de diciembre de 2017 se subió al avión que la devolvió a una Caracas que encontró muy cambiada.

Habían sido solo 8 meses, pero todo estaba destruido. Los conocidos estaban más delgados, su ropa descuidada, los autos ya no servían y no había transporte público“.

Aún así, dice que no volvería a irse “ni por casualidad,  solo me lo pensaría si es con mi familia”.

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